viernes, 19 de agosto de 2016

Fly me to the moon

Siempre he sentido la imperiosa necesidad de transcribir al papel las divagaciones sin sentido de mi cerebro. Entiéndanme, no quería provocar ningún mal, simplemente me era necesario despojar estas necedades sin belleza alguna de mi cuerpo, pues en él se aposentaban chillonas y me susurraban al oído con sincera malicia:
-Fly, baby,fly me to the moon.
Y allí, recostadas y burlonas me sugerían un viaje a la luna, una puerta abierta a las níveas montañas, un armario sin candado hacia mis más profundos y afilados miedos, un deseo entrañable(a mis ojos en aquellos destellos de locura) de escapar, huir, desertar, volar hacia aquellos parajes sin dimensiones ni normas donde sólo confluían mis inconsciencias y algunos lunáticos y sonrientes gatos. Mas chillonas y envidiosas, las dríades jugueteaban colgadas en los lóbulos de mis orejas y explotaban aquel aterciopelado mundo de pétalos rojos y redondas y perfectas burbujas de aire y me hacían volver a la angustiosa realidad.
En este círculo de bipolaridad interna, discurría pues, mi diáfana, monótona y extraña existencia.

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